Mi obra conceptual se articula como una arqueología emocional basada en el recuerdo de la infancia, donde cada objeto se transforma y se reviste de un afecto antiguo. A través de los contenedores transparentes (bustos femeninos), exploro las tensiones del mundo femenino; un receptáculo donde cohabitan la dulzura de la niñez con la aspereza y la fobia. Esta carga psicológica se extiende a los ensamblajes textiles y de porcelana, piezas que tejen la memoria y el trauma.

Como eje de esta dualidad, el ataúd con piernas opera como un umbral metafórico que representa, a la vez, la muerte y la vida de la niña; el reflejo de una subjetividad extrema que linda con el fin, pero que se ve obligada a caminar y abrirse hacia el Otro.

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